Cómo tomar conciencia de lo que comes

Me encuentro cada vez con personas formadas, informadas, y, en teoría, conscientes de la importancia de una buena alimentación pero incapaces de resistirse ante la tentación diaria y constante de ciertos alimentos que saben que les hacen daño. Es como si nos llamaran, susurrando y con una sonrisa malévola «Sé que me deseas! Cómeme!» y se aprovechan de esos nuestros momentos de debilidad – cuando andamos distraíd@s, con mucho en la cabeza, cuando andamos estresad@s o cuando estamos per-menstruales, por ejemplo.

Suelen ser comidas que nos aportan algo más que nutrición – o muy salados, o muy crujientes, o muy dulces, o muy-lo-que-sea que es lo que necesitamos en ese momento a nivel emocional. Enganchan terriblemente y acaban sentándonos mal a la salud de varias maneras – o nos hacen ganar peso involuntario, o nos debilitan a nivel físico, o nos sientan fatal a nivel digestivo, o nos hunden a nivel emocional…sea lo que sea, suele ser lo contrario de lo que buscamos a largo plazo de nuestra dieta.

¿Qué podemos hacer ante semejantes tiranos en nuestras vidas? Pues te he reunido algunas ideas y espero que te sirvan. No dudes en compartir conmigo la tuya ¡sobretodo si te ha funcionado!

1. No lo tengas en casa, no lo tengas a mano, no lo tengas a la vista. Parece tan lógico y tan sencillo pero realmente es de lo más efectivo. Ten encima de la mesa la fruta, una caja de infusiones, un bol pequeño de pistachos ¡mejor que las patatas fritas o el chocolate! Estuve durante semanas trabajando desde casa con el armario de las galletas justo a la distancia de mi brazo derecho. Algo tan tonto como mover el ordenador y trabajar al otro lado de la mesa ¡me ha cambiado el hábito de ir cogiendo una por una durante horas!

2. ¿Hay algún sustituto más sano de eso que tanto deseas? Un smoothy de frutas bien frío con frutos rojos congelados te gustaría a igual que el helado? ¿Qué te parece cambiar las patatas de bolsa por unos chips de Nori? ¿Y unas avellanas tostadas mejor que la bolsa de kikos? Prepárate una torta de arroz con aguacate y miel o de tahine con arándanos, antes de coger una galleta!

3. ¿Seguro que no tienes sed? Muchas personas confunden hambre con falta de hidratación en el cuerpo. Prueba beber un vaso de agua o ¡mejor todavía! una infusión. Tarda tanto en enfriarse que te tendrá entretenid@ durante un rato.

4. Estuve leyendo sobre el método R.A.I.N y me pareció aplicable al comedor emocional. La primera parte de este proceso es RECONOCER. Es un antojo. No lo necesito. Es un capricho. Ponle nombre. No te engañes. No te aporta nada. Llama las cosas por lo que son. Después ACEPTA. No te machaques. Todo es perfecto. Tú eres perfect@. INVESTIGA ¿qué emoción estás buscando llenar con este comestible? ¿cuál es la situación de la vida que te lleva a querer actuar así? ¿Qué puedes hacer para cambiar esta forma de reaccionar ante situaciones así? NO TE IDENTIFIQUES. Tú no eres la emoción. No permitas que te domine tus acciones. Obsérvale como si fueras un externo a la situación.

5. Si decides comértelo, hazlo con conciencia – no mires la pantalla, no enciendas la música, ni siquiera leas un libro. Solo mastica, saborea, disfruta. Vive la experiencia a tope ¡probablemente te sentará mejor y te satisfacerá más!


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Carolina

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