La Relación Entre la Alimentación y las Emociones

¿Alguna vez te habías planteado porqué comes lo que comes?…me refiero a más allá de su valor nutricional.  A veces sabemos que lo que comemos no nos va bien y aún así lo ingerimos ¿porqué?  Porque estamos tristes, frustrados, nerviosos o estresados.  A veces ni somos conscientes de porqué elegimos lo que elegimos ya que puede ser una creencia, una costumbre o un vínculo escondido en la profundidad de nuestro ser.

Es importante plantearnos este tema si queremos incorporar cambios saludables en nuestra dieta ya que lo más probable es que habrá que desprenderse de alimentos que no nos interesan.  No es suficiente saber lo que te sienta bien o mal, lo que te hará engordar o adelgazar, o lo que te hará mejorar o empeorar tu salud porque para aplicar esta información, habrá que meter cambios.  Si sigues buscando “llenar” ese vacío provocado por el desequilibrio energético/emocional a través de la comida, primero, no se llenará nunca y, segundo, el esfuerzo de cambio será el doble y puede que bastante frustrante.

Por eso, la terapia emocional que acompaña una terapia nutricional es tan importante.  La psicología, el coaching, la meditación o cualquier otra técnica de auto-conocimiento complementa muy bien y ayuda a conseguir resultados positivos y duraderos.  Si hay que trabajar a nivel inconsciente, conozco unas cuántas técnicas que quienes habéis estado en consulta ya habréis probado alguna vez.  ¡Todo ayuda!

Una manera de hacer un “reset” en este aspecto y desvincular una emoción con una comida es a través del ayuno.  Los ayunos son tema delicado y hay que hacerlos de forma controlada pero te permiten observar tu cuerpo sin la interferencia de los alimentos.  El poder verse tal y como eres, solo energía y emoción, permite aislar el tema en cuestión con más facilidad y dejarlo salir si estamos preparados para ello.

A continuación os redacto un “diccionario” para llegar a entender mejor de dónde viene tu “antojo” (aunque no está grabado en piedra, se admiten sugerencias y adaptaciones)
Bollería y pastelería:  no paras, pasas de una lista de “cosas por hacer” a otra, te falta momentos de alegría en la vida, date un lujo como un paseo en el parque (sin el móvil!!), leer tu libro preferido o ir al museo.
Picante: los que buscan comida que pique tanto hasta que les lloran los ojos están buscando emocionesfuertes, acción y sentirse vivos.  Cambia de rutina, sorpréndete a ti mism@ de vez en cuando.
Exceso de sal en la comida:  la sal moviliza el agua ¿estás muy tenso y rígido?  Tu meta sería aprender a dejarte fluir con la vida.
Cafeína:  llena esa necesidad de estar atento todo el tiempo, absorber toda información que se nos pase por delante y poder estar a la altura.  ¿Te plantearías desconectar más temprano? ¿echar una siesta?  ¿quedarte “en babia” y perder la mitad de la conversación?  ¡verás que no pasa nada y te puede sentar hasta bien!
Snacks crujientes:  la necesidad de usar la mandíbula suele estar relacionada con rabia contenida.  ¿hacia quién?  ¿porqué?  Plantea expresarte o escribirle una carta aunque no se la vayas a mandar nunca.
Chocolate:  es capaz de provocar la sensación de estar envuelto en un edredón de amor ¿necesitas un abrazo?
Lácteos:  recuerdan al amor de madre, el sentirse querido incondicionalmente y protegido.  ¿y si le llamas por teléfono?  Tienes a un amig@ con quien mantienes una relación parecida?

¡Ahora a analizar qué nos mueve a comer lo que comemos!
No dudéis en comentarme vuestras experiencias y compartir con quien crees que le puede interesar.


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Carolina

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