Carolina Harboe

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¡Disbiosis! y como impedirla

Si algún profesional sanitario, PNIE o nutricionista te ha pronunciado esta palabra, a lo mejor te interesa entender qué quiere decir.  Para comprenderlo mejor, supongo que viene bien, primero, definir su contrario que sería EUBIOSIS.  Hace referencia a un equilibrio saludable de micro-organismos que habitan tu cuerpo.  Una disbiosis habla de un desequilibrio de nuestra microbiota.

¿Pero qué es nuestra microbiota? No sé si te suena el dato que hay 10 veces más células NO HUMANAS en nuestro cuerpo que células humanas.  Somos una colonia andante de bacterias, parásitos, virus, levaduras, hongos, esporas…y su composición varía de persona a persona y según el momento vital por el que está transitando.  Que estemos en un estado de eubiosis o disbiosis depende de muchísimos factores – algunos que podemos controlar y otros que se nos escapan.  Unos ejemplos serían:

  • si tu madre cuidó su microbiota oral, vaginal e intestinal durante tu embarazo.
  • si naciste por parto vaginal (recibiste una buena siembra del canal de parto) o por cesárea (recibiste una siempre de la piel de tu madre).
  • si recibiste lactancia materna o no – la LM es una bebida viva, repleta de microorganismos y de sustancias que los nutren – cosa que las leches de fórmula aún están lejos de incluir.
  • si tomaste antibióticos en los primeros años de vida o si has tomado recientemente – si, nos ayudan a matar bacterias “malas” pero muchos antibióticos son los llamados “de amplio espectro” por lo que arrasan con la microbiota.
  • si aún mantienes tu apéndice intacto – se postula que actúa como un reservorio de micro-organismos listos para repoblar rápidamente tu intestino después de una diarrea fuerte, una lavativa o una toma de antibióticos, por ejemplo.
  • si mantienes una dieta rica en fibras variadas y alimentos ricos en polifenoles – nutren a nuestros “bichitos” beneficiosos.
  • si cuidas la exposición a tóxicos como glifosato, pesticidas, productos de limpieza agresivos, edulcorantes artificiales etc. que se han demostrado todos perjudicar nuestra microbiota.
  • si picoteas constantemente o si haces ayuno intermitente – si no dejamos mínimo 4h entre algunas de las comidas del día, no activaremos el complejo movimiento migratorio que son un grupo de músculos que mueven los intestinos y cuidan el lugar de población microbiana.
  • si aseguras tener una bilis sana y fluida que actúa como “limpiador intestinal” y mantiene un tránsito intestinal correcto….

Como verás, hay mucho que se puede hacer para cuidar a nuestros queridos “bichitos” y, viendo esta lista, se puede entender el porqué del aumento descomunal de los diferentes tipos de disbiosis en nuestro entorno. Te voy a mencionar unos cuántos:

  • una parasitosis – sobrecrecimiento de parásitos que podrían ser protozoos o helmintos
  • SIBO – sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (cuando deberían estar mayoritariamente en intestino grueso)
  • LIBO – sobrecrecimiento bacteriano en el intestino grueso (demasiadas bacterias aún para el intestino grueso)
  • IMO – sobrecrecimiento intestinal de metanobacterias (del grupo de las Archae’s productores del gas metano y que suelen producir ganancia de peso y estreñimiento)
  • IFO – sobrecrecimiento fúngico intestinal (de hongos y levaduras, muchas veces por falta de bacterias buenas, por tomas de antibióticos, por dieta incorrecta o sistema inmune suprimido).
  • candidiasis crónica – sobrecrecimiento de cualquier hongo de la familia Candida.

¡Por solo mencionar unos cuántos!

El problema reside en que estas disbioisis no pasan exactamente desapercibidas.  ¡Se hacen notar!  Los síntomas pueden ser diversos pero todos son muy desagradables – hinchazón, estreñimiento, diarrea o ambos alternados, gases que pueden o no oler mal, náuseas, apetito insaciable, niebla mental, ansiedad, insomnia, picores en el ano, problemas diversos en la piel,  intolerancias alimentarias diversas, palpitaciones, alergias…

Primero, sería interesante detectar exactamente qué tipo de disbiosis se está sufriendo.  Los síntomas dan muchas pistas pero “la prueba del algodón” sería una analítica detallada de heces.  Me refiero a las analíticas que van por PCR o NGS que requieren una inversión económica pero dan una imagen bastante fiable de qué está pasando en tu cuerpo.

A falta de una analítica de heces, el testaje por kinesiología (o test muscular) nos puede dar pistas para empezar a trabajar.  Se pueden testar extractos de fitoterapia con una acción anti-microbiana específica.  Son productos muy efectivos cuando se dan en la dosis correcta y en la duración suficiente y respaldados con numerosos estudios científicos.  A veces, esta fase del tratamiento se tiene que acompañar de una dieta restrictiva pero siempre intento que esto sea el menor tiempo posible.  Será importante reconstruir la mucosa intestinal y repoblar con “bichitos buenos” una vez finalizada la fase anti-microbiana para recuperar la fuerza digestiva de nuevo.

En algunos casos, acompañar con un trabajo detox, será necesario para evitar efectos secundarios del tratamiento.  Hay casos en que, cuando estamos “matando bichitos” estos mismos liberan sustancias tóxicas lo cual puede exacerbar los síntomas antes de que mejoren.  Con un buen trabajo hepático, se puede ahorrar sufrir esta “crisis curativa”.

Lo más importante es que sepas que ¡hay soluciones! y que no te conformes que sobrevivir con estos síntomas.